Cocaína: Pasado, presente
y (complejo) futuro

A través de los años, y siglos, la cocaína ha pasado de ser reverenciada como una medicina milagrosa a ser objeto de una guerra global compleja e infructuosa, con millones de víctimas. ¿Qué hay detrás del intrincado pasado, y presente de una de las drogas más populares, y controversiales, de la historia? Te lo contamos.

 

Por: Eva Fernández Martin  Ilustración: Sergio Ortiz Borbolla 

La Cocaína

La cocaína es una sustancia estimulante altamente adictiva que actúa directamente sobre el sistema nervioso central. Aumenta la actividad cerebral elevando los niveles de energía y el estado de alerta mediante sensaciones de euforia de corta duración. Su principal sustancia química proviene de las hojas de la planta coca Erythroxylum, que contiene diversos niveles del alcaloide. Aunque el contenido del alcaloide cocaína de la hoja de coca es de entre el 0,5 y el 1,0 por ciento, las Naciones Unidas declararon a la planta ilegal. Sin embargo, millones de personas en América Latina la usan como estimulante suave, supresor del hambre y para combatir la fatiga y el mal de altura. 

La cocaína contrae los vasos sanguíneos, aumenta la temperatura corporal, la presión arterial y la frecuencia cardiaca, pudiendo causar graves efectos adversos, particularmente cuando se combina con otras sustancias. Es tan adictiva que en experimentos, ratones de laboratorio soportan descargas eléctricas e incluso renuncian a la comida y al agua para conseguirla. Su uso sostenido en el tiempo, mata los receptores de dopamina, nuestros “centros del placer”, lo que significa que se necesitan más dosis para generar el mismo efecto.

La cocaína se produce principalmente en laboratorios clandestinos en países como Colombia, Perú y Bolivia, donde las condiciones climáticas y la altitud de los Andes proporcionan el ambiente perfecto para el cultivo de la planta de coca, aunque organizaciones criminales han estado intentando establecer laboratorios en otras zonas. 

El comercio de la cocaína está controlado por complejas organizaciones criminales, principalmente colombianas y mexicanas, que lideran la producción, transporte y distribución de la droga a nivel global. Estas organizaciones operan con un alto grado de sofisticación y adaptabilidad, utilizando redes de distribución y colaboradores en múltiples países. A nivel local, cientos de miles de personas están involucradas en actividades relacionadas con el cultivo, procesamiento y transporte de drogas, incluída la cocaína, muchas de las cuales provienen de comunidades marginadas y son vulnerables a la violencia y la explotación. A pesar de los esfuerzos de las autoridades para combatir el tráfico de cocaína, el consumo de la droga continúa aumentando en todo el mundo, especialmente en las Américas, Europa y Oceanía.

Una larga, y compleja, historia 

Hace 3.500 Años:

La historia de la cocaína comienza hace miles de años en lo que hoy es la región de los Andes de América del Sur, donde los pueblos indígenas cultivaban la planta de coca por sus propiedades estimulantes. La civilización Inca, en particular, veneraba la hoja de coca, y la utilizaba en ceremonias religiosas y como forma de moneda. De hecho, la palabra “coca” proviene del idioma indígena aymara.

Siglo XVI:

La llegada de los conquistadores españoles cambió radicalmente la percepción de la coca, que pasó de ser venerada a ser demonizada como el “Agente del Diablo“. Sin embargo, pronto reconocieron el valor económico de la planta, y comenzaron a utilizarla como medio de pago para los trabajadores indígenas. Esto llevó a la explotación y comercialización de la coca por parte de los países europeos, sentando las bases para su eventual distribución global.

Siglo XIX:

El siglo XIX fue testigo de avances significativos en el aislamiento y la síntesis de compuestos psicoactivos de un número de plantas, incluyendo a manos del químico alemán Friedrich Gaedcke, quien logró aislar el alcaloide de cocaína de las hojas de coca, estableciendo así los cimientos para su uso médico. El descubrimiento fue furor. De hecho, destacada de figuras como Sigmund Freud, se hicieron fanáticos y ayudaron a popularizar su consumo.

Década de 1880:

La cocaína disfrutó de un breve período de aceptación generalizada, con profesionales médicos recetándola para una amplia gama de dolencias, desde la depresión hasta los dolores de muelas. Hasta se introdujo en la receta original de bebidas populares como la Coca-Cola. Pero el hechizo duró poco y apenas comenzaron a surgir preocupaciones sobre sus propiedades adictivas y los efectos dañinos que su uso causaba, la percepción pública cambió. 

1960-1970:

Una vez que comenzaron las críticas, nada las detuvo. Asociaciones médicas y gobiernos comenzaron a regular fuertemente su distribución. En 1961, se establecieron las primeras normas internacionales para regular la disponibilidad de estupefacientes y drogas psicodélicas en las Naciones Unidas, incluida la cocaína. Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Nixon, lanzó una “Guerra contra las Drogas” en 1971, marcando el comienzo de una nueva era de prohibición y criminalización.

Década de 1980:

Pero en paralelo a las prohibiciones, la popularidad de la cocaína explotó. De hecho, se dice que el polvo blanco fue la gasolina que hizo funcionar la máquina de los excesos y el glamour, especialmente en las sociedades occidentales. Se convirtió en sinónimo de la cultura hedonista de la década de los 80, alimentando un lucrativo comercio ilícito. La aparición del crack, una forma más barata y potente de la droga, trajo consecuencias devastadoras, especialmente en comunidades marginadas.

Portugal, que ha despenalizado la posesión personal de drogas duras, han demostrado una disminución significativa en las muertes por sobredosis y los casos de VIH relacionados con el consumo de drogas. No obstante, este enfoque enfrenta desafíos en términos de implementación y aceptación pública.

Desafíos Globales 

A pesar de los esfuerzos por combatir el uso de la cocaína, su disponibilidad y consumo siguen en aumento, desafiando la efectividad de las estrategias actuales. La controvertida “guerra contra las drogas“, iniciada por el presidente Nixon en 1971, ha sido ampliamente criticada por su enfoque punitivo y sus impactos desproporcionados en las minorías étnicas y comunidades marginadas.

Estas políticas no han logrado reducir significativamente la oferta de cocaína en el mercado global. Además, las medidas de encarcelamiento masivo, incluso por delitos de tráfico a pequeña escala, han saturado los sistemas penitenciarios y contribuido a la estigmatización y marginalización de grupos vulnerables.

En el marco de las Naciones Unidas, se han establecido normativas para regular el control de estupefacientes y drogas psicodélicas, bajo la supervisión de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Sin embargo, las políticas de prohibición de la cocaína varían significativamente de un país a otro. Por ejemplo, las hojas de coca tienen un estatus cultural especial en Bolivia y Perú, mientras que en Arabia Saudita, la posesión, transporte o consumo de drogas puede ser castigado con la pena de muerte. Por otro lado, países como Argentina, Brasil y Colombia han optado por despenalizar el consumo privado, aunque continúan combatiendo su comercialización.

El debate en torno a las políticas de drogas está en constante evolución, con un creciente énfasis en la justicia social y la salud pública. Algunos países han explorado enfoques alternativos, como la regulación y las estrategias de reducción de daños, reconociendo las limitaciones de las políticas prohibicionistas tradicionales. Ejemplos como Portugal, que ha despenalizado la posesión personal de drogas duras, han demostrado una disminución significativa en las muertes por sobredosis y los casos de VIH relacionados con el consumo de drogas. No obstante, este enfoque enfrenta desafíos en términos de implementación y aceptación pública.

La legalización y regulación de ciertas drogas se ha presentado como una opción para abordar los problemas asociados con el mercado negro y la criminalidad. Quienes defienden la legalización argumentan que la creación de mercados legales podría beneficiar a las comunidades marginadas y reducir el poder de las organizaciones criminales. Sin embargo, el camino hacia una regulación más justa y equitativa sigue siendo un desafío, ya que los modelos actuales pueden no abordar adecuadamente las desigualdades existentes.

A medida que evolucionan las políticas sobre drogas en todo el mundo, se hace evidente la necesidad de adoptar enfoques más centrados en la salud pública y el bienestar social, abordando las causas subyacentes del consumo problemático de drogas y promoviendo alternativas basadas en la evidencia y el respeto a los derechos humanos. La lucha contra la cocaína, y las drogas en general, requiere un enfoque integral y colaborativo entre gobiernos, organizaciones internacionales y la sociedad civil. Y es que no existen soluciones simples para desafíos complejos.